Y yo cuándo?

>> lunes, 9 de mayo de 2011

Hace un tiempo me siento un poco incomoda en la parte profesional, mi trabajo ha dejado de ser el lugar donde quiero envejecer, siento que quiero cambios, tareas nuevas, aprendizajes nuevos, no me gusta la sensación de trabajar por trabajar… yo quiero más!!! 

Desde que terminé mis estudios he considerado que tuve suerte, nunca he quedado cesante y me di el lujo de cambiar cuantas veces quise de trabajo, me pagué unos cursos y hasta hice un diplomado en una prestigiosa universidad, el que me sirvió para llegar al lugar que por mucho tiempo quise trabajar y donde decidí “establecerme” para dedicarme a construir mi familia, de eso hace casi 6 años. 
Apenas nos casamos mi marido volvió a estudiar una nueva carrera, fueron 2 años ½ estudiando y trabajando, una etapa muy complicada porque nos veíamos muy poco y el stress nos pasó muchas veces la cuenta, pero sin duda fue un sacrificio que ha valido la pena. Casi al terminar su carrera nacieron nuestras amadas princesitas y a pesar que he seguido trabajando, ellas han sido lejos la prioridad de nuestra vida, dejando así todas mis metas profesionales de lado. 

No culpo ni a mi marido ni a mis hijas, yo he querido que sea así y hasta ha sido motivo de discusiones cuando conversamos de buscar nuevos horizontes, pero la verdad es que opté por un trabajo estable, el que tiene un jardín infantil que me encanta, donde no hago horas extras, el que me da 1 mes de vacaciones, etc. siempre pensando en el bien de nuestra familia es por eso que si tuviera la opción de retroceder el tiempo, volvería a elegir este trabajo, sólo que en esta etapa de mi vida siento que quiero más, quiero retomar mis metas, quiero nuevas aspiraciones y así comienzo a entusiasmarme, a convencerme que es lo correcto, que las niñas están más grandes e independientes, que no debo olvidarme de mí, de mis ambiciones, de mis proyectos, etc.
Haaaaaaaaaasta que aparecen 2 princesitas en mi cabeza, las que me hacen renunciar a todos mis sueños y preferir compartir las pocas horas fuera del trabajo con ellas, las que me hacen evaluar entre mis metas v/s el apego y sin dudarlo las elijo a ellas. 

Me pregunto cuándo es el momento? Será que por el solo hecho de ser madre y amar por sobre toda las cosas a mi familia, debo dejar mis proyectos personales guardados indefinidamente? He conocido a muchas mujeres que estudian, trabajan, son madres y esposas pero en verdad es posible hacer  funcionar todo al mismo tiempo? Cuál es el costo? 
Y así se pasa el tiempo pensando en lo que quiero v/s lo que debo hacer y comienza un nuevo  día donde todo sigue igual porque siempre opto por mis 3 grandes amores…

4 comentarios:

Sandra 9 de mayo de 2011, 16:14  

Creo que esos pensamientos los tenemos todas las madres que hemos dejado a un lado todo lo demás para ser madres. Yo pienso que la infancia de nuestros hijos, cuando nos absorven al 200% es una etapa relativamente corta y que en unos años podremos reemprender nuestros propios proyectos personales. Yo no creo que teniendo hijos pequeños se pueda llegar a todo.

100% Mamá 10 de mayo de 2011, 16:22  

Lo mismo creo yo, me pasa igual, sobre todo que estoy con ellos en casa todo el dia, pero siempre pienso q ya llegara el momento, nunca es tarde....

Vicky 10 de mayo de 2011, 16:31  

Hola!, si yo tampoco creo que se pueda todo, le he dado muchas vueltas al tema de volver a estudiar una, pero imagino a mis niñas, y la verdad es que no quiero perderme los pocos momentos que tenemos juntas...
Quizás hacer cosas cortas de 1 o 2 veces a la semana pero estudiar casi de cero mmm nop.
Y aunque para mi siempre fue importante hacer una carrera, me pesa más que me gusta ser mamá y estar con mi familia.
Saludos...

Mariela_Ne@ 16 de mayo de 2011, 12:25  

Vickyta! tu historia me recuerda un poco a lo que pasé con Hansito, tener que aguantar la pega que tenía, que me encantaba por cierto, por el compañerismo y el ambiente que tenía, pero me desmotivaban otras cosas, pero pensaba en el Hansy, en el jardín, las tías la comodidad de tenerlo al lado, de poder ir a verlo las veces que quisiera, lo veía feliz y eso me tranquilizaba.
Un año recuerdo cuando él tenía 4 añitos, decidí que si encontraba otro trabajo me iría a un lugar "mejor" lo saque del jardín y lo cambie a otro pensando que sería igual, imagínate, el mes que estuvo lloro incansablemente, claramente extrañaba su jardín su hábitat sus amiguitos la comida el sabor de su leche su colchoneta donde dormía siesta, extrañaba todo...
Pensé mucho en eso y estaba haciéndole un daño, hice todo para volver al jardín y obviamente lo recibieron con la sonrisa de siempre, se acabó el llanto de la mañana y volvió la sonrisa con la que me decía chao mamá! ese año fue cuando decía masca tu chicle jajaja
Muy lindas tus historias tkm!

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